| Vendedores y servicios ambulantes ( 2 ) |
En las plazas era infaltable el manisero, con su carro en forma de locomotora, sacando humo por la chimenea y entregando, en un cucurucho de papel de diario, los maníes y lupines que nos vendía.
Eran característicos los acordes emitidos por la armónica del organillero para anunciarse. Mientras accionaba su organito, sostenido por una gruesa correa que cruzaba su espalda, la inseparable cotorra extraía de un pequeño cajón el papel, en el que invariablemente nos auguraba buena suerte ...
Con el tiempo la cotorra fue desplazada en su función por un monito tití, vestido con ropas humanas que, con sus graciosos juegos y piruetas, atraía más la atención de la gente.
En el patio del domicilio del cliente, el colchonero abría el colchón por una punta, sacaba la lana y pasaba los apelmazados vellones por la cardadora. Si no era necesario cambiar el cotín, volvía a introducir la lana en el viejo y posteriormente lo cerraba con una aguja curva.
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| Caja con los tintes, pomadas, cepillos y las franelas del lustrabotas ambulante |
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Lechero como los que habían en el viejo Villa Ortúzar |
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Un vendedor por la década de 1930.
Su carro tiene la particularidad de contar con cuatro ruedas,
cuando habitualmente tenían únicamente las dos grandes.
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En un tiempo en que la cámara fotográfica no estaba al alcance de la mayoría de la población, el fotógrafo de plaza, también conocido con el nombre de “minutero” fue una verdadera institución.
Sacarse una foto era una ceremonia. Oculto por una tela negra en la parte posterior de la máquina, el fotógrafo nos daba indicaciones de la forma cómo posar (no se podían sacar en movimiento) y luego de unos minutos nos entregaba la foto revelada.
En las nostálgicas imágenes captadas por muchos anónimos “minuteros” quedó grabado un importante testimonio de época.
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