Paseando por mi barrio, llegué a la esquina de Fraga y Plaza, que fuera escenario de mis juegos de niñez.
Y volvieron a mi memoria los “picados” con la Pulpo, mis amigos que tal vez se hayan ido, las casas que ya no están, "mis viejos" y la mueblería, y el olor a jazmines con que se llenaban mis sentidos en las noches de verano.
Materialmente mi cuadra ha crecido, pero la hallo más triste, sin risas de niños, que ya no se ven, ni vecinas saludando, sólo alguna persona apurada, con gesto adusto , en búsqueda febril de quien sabe qué....